Hace unos días paseaba por una céntrica calle comercial cuando la tarde se había difuminado en una de esas noches desapacibles y laborables de noviembre. Había mucha gente que entraba y salía de las tiendas de ropa, no sé si a comprar o a mirar, en todo caso el ajetreo siempre es mayor en tiempo de calendas. Observé como los maniquíes lucían prendas de abrigo y complementos que, estudiadamente, llamaban la atención de los potenciales compradores y la de algún observador avezado que tiene un blog que alimentar. Vi sobre estas inquietantes siluetas inertes, lucir guantes que abrigaban las manos, esas manos que representan el hacer. Había también gorros, muchos gorros que, metafóricamente, representan el abrigo de nuestra máquina de pensar y pijamas de franela que abrigan nuestro descanso invernal. Las bufandas que abrigan nuestras cuerdas vocales, importantísimas cuerdas que hacen que nos comuniquemos con relativa facilidad. Observé también, paquetes de tres y cinco pares de calcetines de invierno, los que nos abrigan los pies que, simbólicamente ,representan las huellas que vamos dejando por el mundo. Y muchos abrigos, cazadoras, anoraks y plumíferos que abrigan nuestros torsos y gran parte de nuestros órganos vitales que nos permiten seguir viviendo para poder hacer, pensar, comunicarnos y descansar.
Vi también tiendas de electrodomésticos que hacen que la vida nos sea más cómoda, tiendas de informática y televisores de última generación donde todo es más caro cuanto más pequeño y plano es su formato. Utensilios que abrigan nuestra comodidad y nuestro ocio propios del milenio que nos toca vivir. Necesidades 3.0 que diría algún friki.
Pero hete aquí que me dio por pensar con mi máquina al descubierto y las manos en los bolsillos, mientras buscaba un paseo reparador a una dura jornada de trabajo y agradeciendo al aire fresco que también refrescara mis ideas. Llegué a la conclusión de que estamos rodeados de tiendas, franquicias y grandes centros comerciales que velan porque llevemos abrigados el cuerpo, pero mi reflexión me llevaba a preguntarme quién se encarga de abrigarnos el alma, dando por hecho que tan importante es un abrigo como el otro. Y me dio por responderme que el alma es abrigada por la sonrisa de tu hijo, por la cena con los amigos, por un vino en el momento oportuno, por la mirada tierna y cómplice de la pareja, por los escritos de Galeano, por una canción de Serrat, cuando haces un favor, cuando provocas una sonrisa, cuando lloras de emoción, cuando las injusticias son juzgadas y reparadas, cuando por fin llega la primavera, por una profunda y rica conversación, por subir montañas, por avanzar y seguir superando dificultades, por seguir aprendiendo, por jugar, por bailar, por ver felices a los que te rodean, por abrazar y ser abrazado, por ver atardecer…cada cual sabrá de que tejido está confeccionada la ropa que le abriga el alma.
Sería bueno que estas prendas también tuvieran su fashion week, diseñadores, cazadores de tendencias y personal shopper; pero con una sola condición: que las modas sean terrenales, cercanas, cálidas y confeccionadas con tejidos al alcance de cualquiera. Sin modelos desnutridas, sino por personas de carne y hueso, de este planeta, gente como tú y como yo que nos sorprendemos y emocionamos con lo humano y natural. Y cuando nos encontremos a este tipo de personas abrigadas en cuerpo y alma, alegrémonos y tengámoslas cerca pues su calor nos irradia armonía y provoca ciertas dosis de alegría a todos aquellos que realmente entendemos que la moda del alma tiene mucho que ver con el sentido de la vida.
Toño Villalón

Sabes que soy un fiel seguidor de tus reflexiones y tengo que reconocer que me tienes "enganchao" quizá sea por mi ignorancia o porque abrigan mi alma. Todas me remueven algo por dentro. En mi vaga experiencia de la vida se, que es bueno que eso ocurra, con lo cual, no me dejan indiferente.
ResponderEliminarEsta reflexión me hace pensar que como cada prenda que se tercia antes de poner en el mercado y en el escaparate, hay un proceso de elaboración y me pregunto, si quien o quienes nos encargamos de confeccionarlas estamos a la altura de las circustancias, de lo que no me cabe duda es de la cantidad de ellas que hay y que tu has descrito muy bien. Ojala que demos con el sastre adecuado en nuestra vida amigo, nadie mejor que tu sabe lo importante de los contextos. Saludos y te felicito, está "padre" como dicen por Mexico.
Toni, te felicito ,letras como estas, tb colaboran en el abrigo de nuestra alma...
ResponderEliminarJose.
Gracias, me ha encantado. Yo esta tarde me he abrigado el alma :)
ResponderEliminarEster
Si amigo, pero quién nos cubre cuando el alma llora, cuando la injusticia no se repara, cuando se abusa del débil, cuando el sistema falla. Perdona el pesimismo, quizá sea por deformación profesional o por las fechas que se avecinan. Fechas que deberían llevarnos a valorar más nuestro interior que la fachada, pero en las que las tiendas, franquicias y centros comerciales se encargan de anestesiarnos para no pensar. Es triste que "en estos días tan señalados y en estas fechas tan entrañables" solo abriguen nuestra alma las sonrisas y los gestos forzados a base de euros.
ResponderEliminarAlegre.