Existe un lenguaje cuyo conocimiento no se adquiere estudiando sino practicando, donde no existen títulos ni reconocimientos académicos, donde hay pocos profesores y muchos alumnos, donde cada cuerpo se expresa y reacciona de manera distinta sobre el resultado de la oratoria, donde la inteligencia, la cultura, la experiencia y el autoconocimiento es un aliado perfecto para la mejora de este idioma que no puede ni debe ser traducido; simplemente si tienes el don lo disfrutas, ora aportando ora recibiendo, pero siempre obteniendo felicidad por ello. Tampoco se vende por fascículos, ni existen reputados centros de enseñanza que te formalicen una matrícula y además a través de él te puedes entender en casi todos los lugares del mundo. Me estoy refiriendo al sentido del humor.
La sonrisa o carcajada, dependiendo de la intensidad de la tontería, es la garantía que certifica que este código lingüístico está siendo utilizado y sus beneficios a estas alturas son por todos conocidos. Pero iré más allá de las puras consecuencias fisiológicas de su praxis. Lo que suele rodear a sus practicantes son los tiempos distendidos, los ambientes favorables o el intento de buscarlos a toda costa, las personas afines, huir de los malos rollos, practicar la rapidez, la locuacidad, la ironía, el ingenio, lo absurdo, lo surrealista, la hipérbole y sobre todo la socialización en un contexto armónico que huya del tedio, la rigidez dogmática que encorseta y del aburrimiento que muchas veces lleva implícito el vivir. Pienso que uno de los mejores catalizadores para avanzar y perfeccionar esta disciplina es saberse reír de uno mismo y carecer de miedo al ridículo y al tan temido “que van a decir, que van a pensar”. Las personas poseedoras y afortunadas por este talento se reconocen en menos de cinco minutos y cuando se encuentran saben que tienen mucho terreno ganado porque al menos ya hay unanimidad en algo importante -la comunicación- y eso siempre es bueno y además, une. Aunque conviene matizar que practicantes son todos aquellos que o bien sueltan la gracia o tontería como aquel o aquella que la ríe. Quiero decir, que hay mucha gente que no teniendo el don de aportar su ingenio lo tiene para recibirlo y esta es la reciprocidad necesaria para que una lengua permanezca viva y para que todos nos sintamos partícipes y contribuyamos a perpetuarla y enriquecerla en la medida de nuestras posibilidades.
Regalar humor es dar felicidad, color, chispa, brillo, alegría, contagio, es gratis y gratificante, es sano y sanador, un potente cicatrizante de tristezas, una inversión para el alma, una vacuna contra lo protervo y lo mediocre, y es tan necesario como la mismísima inteligencia pues sobre él descansa gran parte de la verdadera sostenibilidad emocional. Sé que el contexto y los tiempos que nos tocan vivir no animan mucho a partirse la caja, pero estoy hablando del único dialecto que nos provoca mejoría cuanto más lo practicamos y si no, piensa en que van a cambiar las cosas privándote de una sonrisa. Estoy hablando de una forma de pensar e incluso de una manera de entender la vida y eso es algo connatural al ser humano independientemente de cómo y dónde sople el viento.
Pero como cualquier idioma que se hable, también se corre el riesgo de hablarlo mal, de hacer un chascarrillo inoportuno, descontextualizado, ofensivo, desfasado, no coger la gracia a tiempo y encima pedir que te expliquen el chiste…en fin…”quod natura non dat, Salmántica non praéstat”.
Gracias a todos aquellos que sois hablantes , que os esforzáis para pasar de curso, que arrancáis sonrisas o carcajadas o sabéis y agradecéis recibirlas, que brilláis con luz propia y que pensáis que esta propuesta es una de las mejores formas de rebeldía contra la desolación. No es de extrañar maestro Gila que te hayan dedicado un anuncio publicitario y tú, que fuiste genio y figura, te lo hacen de fiambre frente a la sepultura. Pues eso….sentido del humor.
Toño Villalón
¿cuál puede ser la pieza que hace que 4 o 5 personas, que apenas se conocen o incluso es la primera vez que se ven, se junten un fin de semana y todo fluya como si de un perfecto engranaje se tratara? esa pieza no puede ser más que la utilización de un mismo lenguaje: el humor.
ResponderEliminarLas sonrisas, las risas, las carcajadas lograron crear un perfecto e inolvidable fin de semana, bueeeno también contribuyó tu estupendo flan.
Gracias por las sonrisas compartidas, y por tus palabras regaladas.
¿quién soy?
ya lo sabes: "Sonreír es lo que hace ser feliz", esta y esto soy.
Estoy de acuerdo contigo Tony. Reirnos es fundamental; es más, hacer reir a alguien también. No sólo por lo que pueda implicar de complicidad con esa persona, sino porque sirve de vía para muchas cosas, vgr: para decirle que estás a su lado en un momento dado. Sí, sí, sacarle una risa o una sonrisa a quien lo pasa mal es algo muy grande y bonito, le haces olvidar su pena. Nosotros (y cuando digo nosotros me refiero al grupo de gente del que por suerte formamos parte, pues para el que no lo sepa Toño y el que esto suscribe nos conocemos hace tiempo) por suerte sabemos lo que el reírse y el humor significa. ¿Te imaginas cualquier reunión nuestra sin risas, un domingo en el vino sin reirnos de algo (léase el domingo pasado). Si amigo, sí, la risa, el sentido del humor... que no somos ná y estamos aquí tres días y de prestado (aunque el precio de la gasolina de 98 está a 1,6 euros el litro).
ResponderEliminarAlegre.
PUES Q SEPAS QUE TIENES UNA HERMANA CON MUXA CHISPA Y UN GRAN SENTIDO DEL HUMOR....JIJI.....
ResponderEliminarANA.