CERRADO POR ATARDECER

Con este blog quiero compartir con vosotros estos relatos fruto de vivencias, experiencias, reflexiones, etc.etc. Por tanto la mayor pretensión es que os gusten y os animéis a dejar algún comentario o sugerencia para animar y motivar futuros escritos que ayuden al crecimiento personal y alejarnos en la medida de lo posible de fatalismos y mediocridades.



UN ABRAZO A
TOD@S

martes, 2 de noviembre de 2010

EN EL SUPERMERCADO

En el Supermercado.


            Todos, absolutamente todos tenemos que pasar por el aro. Dependiendo del puedo y quiero nuestras bolsas serán de triangulitos verdes o de esas que tienes que pagar al pasar por caja. En esto no hay vuelta de hoja: o te gusta o no te gusta, aunque es cierto que hay variables que pueden convertir la compra en algo no traumático o en un auténtico suplicio. Por poner algunos ejemplos: que haya muchísima gente o no, que haya aire acondicionado en verano y calefacción en invierno o no, que sea Navidad o no, que sea sábado o martes, que haya niños llorando por un huevo kinder o no, etc etc.

            Bien es cierto que estas grandes superficies son una buena prueba de autoconocimiento en la cual comprobamos los límites de nuestra paciencia dependiendo si en la caja hay dos o nueve personas por delante de nosotros, comprobando como la ley de Murphy se ceba en nuestra persona al ser siempre nuestra caja la que menos avanza, también ponemos a prueba nuestra generosidad  y educación dejando pasar al que sólo lleva un artículo entre sus manos frente a los sesenta que llevamos nosotros; igualmente ponemos a prueba nuestras dotes asertivas diciéndole a las implacables señoras de cierta edad que hoy no se me van a colar se pongan como se pongan; o a la cajera de tuno diciéndole por vigésimo quinta vez que no tengo la tarjeta cliente y no la voy a querer en lo que me queda de vida aunque me pierda las maravillosas ofertas tres por dos o los vales descuento de un euro para la próxima compra superior a sesenta euros en la sección de perfumería….joder que se tienen que alinear los planetas o tener alma justiciera para no perder ese euro. También ponemos a prueba el caprichoso que llevamos dentro dándonos algún que otro homenaje en aras del “me lo merezco” o del tan socorrido “un día es un día”.

            A estas alturas todos sabemos los trucos de la mercadotecnia, que somos como cobayas a los que se les puede dirigir y manipular, que todo es impulsividad y despersonalización, que todo se compra y se vende, que casi todo caduca o en lo que pestañeas se pasa de moda,  que a nadie le importa donde va el dinero de las multinacionales o que contrato tiene la reponedora de turno. Nuestro objetivo es claro: comprar lo que queremos, tardar poco, que  nos engañen lo justo y gastar el dinero calculado si estamos a últimos de mes. No me diréis que es poco.

            A veces me entra la nostalgia y recuerdo las compras y recados cuando era un crío, los tenderos te saludaban por tu nombre, te preguntaban por tu familia, te hacían la cuenta a lapicero sobre papel de estraza y el mayor premio del mundo consistía en un colín[1].



Toño Villalón.


[1] Dícese de la barrita de pan cilíndrica, larga y muy delgada.

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