CERRADO POR ATARDECER

Con este blog quiero compartir con vosotros estos relatos fruto de vivencias, experiencias, reflexiones, etc.etc. Por tanto la mayor pretensión es que os gusten y os animéis a dejar algún comentario o sugerencia para animar y motivar futuros escritos que ayuden al crecimiento personal y alejarnos en la medida de lo posible de fatalismos y mediocridades.



UN ABRAZO A
TOD@S

martes, 2 de noviembre de 2010

REIVINDICAR LA CALLE

Reivindicar la calle

Desde hace siglos los ciudadanos han expresado en la vía pública todo aquello concerniente a la ciudadanía, los derechos, la cultura, los valores, etc. etc. En el ágora se trazaban los fundamentos éticos y morales que repercutían a todos los ciudadanos, existía conciencia de ciudadanía y lo que es más importante: los problemas de los vecinos eran de dominio público en cuanto a su difusión mediática de la época y en lo que tenía que ver con la resolución de los mismos. Por lo tanto existía cierta visibilización sobre los problemas de la ciudadanía así como cierta conciencia resolutoria en aras del bienestar común.

            Siglos más tarde la pregunta es la siguiente: ¿por qué somos capaces de movilizarnos hoy en día? y más concretamente en nuestro país, en nuestra ciudad, en nuestro pueblo. La cultura de lo individual se ha impuesto a lo colectivo, algo ha pasado en nuestras vidas y en nuestros contextos más inmediatos cuando nadie se siente invitado o se da por aludido en la resolución de  los problemas  ajenos. Se nos ha disgregado como estrategia pseudopolítica para hacer como que los problemas no existen o no son relevantes, éste nunca fue un buen escaparate político a la hora de presumir de territorio. De hecho hoy sólo protestamos cuando el problema nos toca de lleno y no podemos hacer nada por solucionarlo, o bien porque no tenemos ideas o porque no tenemos recursos. Entonces acudimos a los medios de comunicación ávidos de contenidos y morbos y sacamos a relucir nuestras vergüenzas y nuestras miserias esperando la ayuda de algún Mesías que nos solucione la papeleta y en ese peregrinar inmisericorde se nos va la dignidad y la confianza en el ser humano. No acabamos de comprender que en esta vida todos, absolutamente todos, tenemos papeletas para que nos toque lo inoportuno, lo injusto, lo desgraciado, lo indeseable…y que solamente podremos resolver problemas, si contamos con todos para aportar soluciones. Así nos va como nos va,  pensando que nuestros políticos velarán por nuestro bienestar y delegando en ellos la resolución de todos nuestros problemas. A estas alturas de la película ya nos ha dado tiempo a ver que importan más los problemas de los poderosos bancos y banqueros que los de los disgregados y rejodidos ciudadanos.
La Calle ha perdido protagonismo en detrimento de los colectivo y de lo público, se ha hormigonizado en exceso y no existen demasiados espacios de encuentro donde no haya que pasar por taquilla para poder acceder a los mismos. Las asociaciones vecinales han ido perdiendo peso específico en las reivindicaciones colectivas de sus barrios y hoy apenas sobreviven es espacios inadecuados y con actividades de entretenimiento acordes a las subvenciones que reciben.

            Pero no todo es negativo, pues cuando se trata de ensalzar los éxitos deportivos o los triunfos de cualquier  famosillo bailarín o recibir al ganador de gran hermano 35 por poner algún ejemplo, pues allí estamos dándolo todo y haciendo que se sientan acogidos no vayan a pensar que nuestra ciudad no es solidaria con el triunfo y éxito de los demás por muy sospechosos o casposos que estos puedan ser.  Desgraciadamente no nos faltarán motivos que requieran nuestra presencia y nuestra significación en la vía pública para intentar concienciar y visibilizar los grandes problemas de la sociedad que nos ha tocado vivir y los que vivirán nuestros hijos. En nuestra mano está reivindicar lo colectivo, recuperar la calle para nuestros legítimos objetivos ciudadanos y apoyar todas las iniciativas solidarias que nuestra conciencia nos diga que debemos apoyar no siendo que como predijo Martin Niemöller, al final venga a por mí  el problema y ya no quede nadie que diga nada.
En esto he de reconocer que un poco de envidia si os tengo franceses.

Toño Villalón




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