SOBRE ALERGIAS:
Soy uno de esos tipos que tanto sufre con las alergias, pero mi sufrimiento es doble: por un lado ser alérgico y por otro lado porque todavía no sé a qué. Aunque ya casi lo tengo, me voy acercando, y ciertamente, creedme lo que más cuesta de una alergia es saber qué cosa la provoca. En mi caso se trata de prurito pero sin manifestación cutánea aparente. No sé porqué extraño misterio y esté donde esté de pronto comienzan los incómodos picores y durante diez minutos me gustaría quitarme la piel a tiras. Cuando lo comentas con amigos unos dicen que si es del polen (anda que no es recurrido el polen), otros que si los ácaros, otros que los crustáceos, otros que las gramíneas, etc. etc. Pero el caso es que yo he ido haciendo experimentos y exposiciones intencionadas y nada de nada. Pero un día viendo la tele en casa y haciendo tiempo para que empezase el informativo no se me ocurrió otra cosa que ver uno de estos programas tipo corazón de melón o algo por el estilo. De pronto me vi sumergido en un bombardeo informativo sobre quién estaba enrollado con la fulanita de Tissen y la menganita de Alba, con el ex de la ex del de Ubrique y otras malas hierbas, y fue ahí cuando de pronto comenzó ese picor tan desagradable que primero eligió las piernas como campo de batalla y poco a poco fue avanzando por todo el cuerpo. Rápidamente cambié de canal, recurrí al rascado corporal como única solución a mi insoportable estar y me quedé con el detalle para llegado el caso poderlo comentar con el dermatólogo aunque a decir verdad, prefiero verificar y seguir haciendo experimentos más que nada por no verme en la consulta del psicodermatólogo si es que esa figura existiere.
Viajando en tren tuve otro ataque, ya que un asiento trasero al mío estuvo una chica joven hablando una hora por teléfono e inevitablemente todo el vagón asistió atónito a la conversación que mantuvo con su superamiga que te pasas: que si anoche estuvimos todas en casa de Borja, que estábamos todas guapísimas, que Mario puso una música super especial, no sé…..bueno un ambiente jo super guay , que me puse el top azul ese que tanto me estiliza la figura y que me queda divino de la muerte…..y así una hora. Deduje por las caras de la gente que estaban pasando un buen y ameno rato, y que a falta de videos en los trenes regionales buenas son conversaciones supermegapijas que te hacen más ameno el trayecto. Pero a mi me picaba el cuerpo, todo el cuerpo, así que me levanté del asiento y fui hacia la entrada del vagón a un pequeño descansillo donde poco a poco se me fue pasando el malestar del body y del alma.
Poco a poco me iba acercando al origen de mi mal, aunque estaba desconcertado puesto que yo pensaba que lo que me provocaba los picores difícilmente se encontrase en un manual de dermatología, motivo éste por el cual aún no me atrevía a verbalizar lo que me rondaba por la cabeza. También recurrí a san google, por si había algún precedente similar pero no obtuve mucha fortuna en los foros en los que entré.
Pero la guinda del pastel la tuve en el supermercado haciendo la compra ya que una mujer que rondaba 60 años se me intentó colar mientras esperaba mi turno en la pescadería. Mido 1,80 y la señora en cuestión alegaba que no me había visto, aunque yo a ella lo que si le había visto era la intención de su jugada desde un principio y me había dicho a mi mismo que esta no se me colaba. El caso es que nada más se excusó con su falta de visión -y su sobredosis de morro- comenzaron los picores por mis piernas y al salir del supermercado lo tuve claro. Soy alérgico a los gilipollas y sus derivados: gilitonterías, gilipolleces, gilitontos del culo, giliexcusas, gilipollas integrales, etc. etc.
Me froto las manos pensando que a todas las nuevas enfermedades se les pone el nombre de su descubridor. Seré conocido mundialmente por el descubrimiento de tan molesta e incómoda enfermedad cutánea. Algo bueno tenía que tener este comezón, aunque también pensé que difícilmente lo mío tenga cura puesto que es complicado mantenerse aislado y alejado de una fuente expositiva de tal magnitud. En fin. Pongo el máximo de cuidado con quién me junto, huyo más que permanezco, me rasco más que el rasca de la ONCE y no salgo de la calle sin mi ipod para no escuchar las mil gilipolleces diarias a las que como media estamos expuestos en nuestras vidas. De momento es el único antihistamínico diario que da resultado. Al fin y al cabo es el precio que tengo que pagar por descubrir el síndrome gilipodermatético que tanta fama y dinero me ha hecho ganar. Sarna con gusto no pica. O sí, pero menos.
Toño Villalón.
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